“¡YUJUUUUUU! ¡EL CAMPAMENTO DE VERANO!”… dijeron todos los niños, aparte de mi hijo…
Para muchos padres e hijos, la llegada del campamento de verano es más que bienvenido (¡Chao, mi amor!)—especialmente ahora, gracias a todo el tiempo que los niños pasaron en casa debido a la pandemia. Mientras muchos niños están hablando con sus padres sobre lo emocionados que están por ir al campamento diario, hablando de quién y qué esperan ver, yo estoy manejando las ansiedades y colapsos de mi hijo 2 semanas antes del inicio del campamento—y eso solo es el comienzo. Sus emociones sobre casi cualquier cosa—sea grande o pequeña—llegan sin aviso, y parar el “tren desenfrenado”, como lo llamamos, es un desafío regular. Su cara se torna roja, lagrimea, comienza a sudar y así estamos en marcha…
¿Cuántos días faltan para el comienzo del campamento? ¿Quién estará en mi grupo? ¿Cuántos niños estarán? ¿Qué pasará si no encuentro a mi grupo? ¿Cómo sabré quién es mi supervisor? ¿Y si llegaré tarde al punto de entrega? ¿Y si nadie quiere jugar conmigo? ¿Y si tú te olvidas de recogerme?… Estoy seguro que no haré amigos con nadie. ¡Voy a sudar mucho en mi mascarilla! Soy muy malo para jugar juegos. ¡Odio el campamento! ¡Este es el peor verano de todo el tiempo! ¡¿Porqué debo ir?! ¡¡No tengo nada de vacaciones de verano!! …Y mi favorito: Mi vida apesta. (Uf.)
AY, MI NIÑO PRECIOSO. Está tan abrumado que no puede creer que el campamento de verano—el cual en su caso tiene lugar en un hermoso YMCA cerca del mar al aire libre (con juegos, canto y baile, tentempiés y natación en una piscina, para nombrar sólo algunas cosas que SÍ le gustan)—sea similar a las vacaciones. Tal vez piensas que yo debería considerar no enviarlo al campamento, pero si podrías ver su cara después de enfrentar un miedo, o ver cómo se ilumina cuando domina un paso de baile en su grupo de campamento, o verlo cuando me dice que pasó un buen día en el campamento, entenderías que ESAS son las razones por las que lo envío. Además, creo que es mi responsabilidad animarlo a que enfrente las cosas que no le gustan, ¿verdad? (*sudor en la frente*)
Paso mucho tiempo calmando la ansiedad de mi hijo, asegurándome de que tenga la hielera correcta para su almuerzo, que tenga la botella de agua correcta, el protector solar que está dispuesto a usar, el repelente de insectos sin DEET (porque obviamente los mosquitos lo ADORAN y frecuentemente tiene mordidas de mosquito infectadas que requieren medicina—¡que mala suerte, chico!), ropa sin etiquetas, los zapatos correctos… ¿debería continuar? ¡Ay chica, también tiene que usar una mascarilla en su campamento al aire libre!
¿Olvidé algo? Probablemente. Ah sí, las lágrimas de cada noche antes de dormir cuando está temiendo el siguiente día del campamento (las muñecas quitapenas ayudan), los nervios durante todo el camino hacia el campamento en la mañana y el momento de catarsis cuando lo recojo. Se ha mantenido tranquilo todo el día—y parece que se divirtió un poco, aunque siempre en un estado de alerta alto. El campamento lo agota. Vuelve a casa a su cobija favorita, Bow, y descansa por unos momentos y pasamos dos o tres horas buenas, y luego es la hora de dormir y las lagrimas y preguntas vuelven… esto se repite desde domingo en la noche hasta jueves en la mañana. Anhelo pasar una semana en que mi hijo se sienta totalmente tranquilo.
NO QUIERO DAR LA IMPRESIÓN DE ESTAR ENOJADA. Iba a escribir que “no me estoy quejando”, ¡pero creo que SÍ me estoy quejando! Claro. ¡No hay ningún problema en expresar preocupaciones y frustraciones personales! He leído que si te encuentras quejándote de ser padre, significa que estás intentando lograr algo para tu hijo. Así que: ¡Felicidades a nosotros! Todos tenemos quejas—algunos de nosotros las reprimimos más que otros. Sé que realmente es saludable expresar tus emociones, sea poco a poco o en una avalancha (¡escribir esto me ayudó!). Así que, encuentra a alguien que te escuche. Quizás no el cajero, pero alguien que te deje hablar. ¡Y sabe que te estoy compadeciendo virtualmente!
Sé que mi situación no es única, y por eso estoy barbullando… esperando que haya algunos padres que me entiendan. No puedo ofrecerte ningún consejo… Es que para mí es un alivio descubrir que hay otros que tienen experiencias similares (¿no es así para ti?). Supongo que la ansiedad de mi hijo también provoca MI ansiedad. Así que quizás necesito relajarme un poquito y dejarlo estar, pero eso es DIFÍCIL cuando la dignidad, comodidad y alegría de tu hijo están en riesgo. ¡Supongo que todo eso forma parte de la experiencia conmovedora y bella de ser padre!
Gracias por leer—voy a esconderme en mi habitación con mi taza de café y mi laptop, y comer helado mientras busco de manera obsesiva los zapatos de verano impermeables correctos.
Si necesitas apoyo profesional para tu ansiedad, hay muchos proveedores que ahora están ofreciendo servicios de teleterapia para que puedas conseguir apoyo sin salir de tu casa. También puedes enviar un SMS a 741741 con el mensaje HOME para conectarte con un consejero de crisis en el Crisis Text Line (línea de crisis)